El juguete roto de Javier Maroto

Todo alcalde anhela pasar a la historia por construir algún edificio emblemático en su ciudad. Eso es lo que piensan aquellos que no lo hacen pensando en ciudad sino en sí mismos.
El alcalde de Vitoria-Gasteiz, Javier Maroto, nada más llegar a la alcaldía, y con el apoyo de Bildu, mandó paralizar dos proyectos estratégicos de ciudad: El Palacio de Congresos, Exposiciones y de la Música (BAI Center), que con toda seguridad hubiese hipotecado a la ciudad; y la futura estación de autobuses de Arriaga.
Además, desea aprovechar las obras realizadas en las parcelas de la plaza Euskaltzaindia, donde se iba a edificar el BAI Center, para construir allí la nueva estación de autobuses, ligeramente más amplia y con un parking de vehículos para así sustituir a la proyectada para Arriaga, pero con un sobre coste total, en plena crisis, de 8,1 millones de euros.
Este cambio de ubicación, además del sobre coste de 1.350 millones de las antiguas pesetas, ha generado un fuerte rechazo entre los vecinos, no solo por los problemas de nuevos delitos y tráfico que generaría en la zona, sino también porque se revienta por completo el plan de movilidad que iba a convertir las calles Gabriel Celaya y Donostia en parte interior de las supermanzanas, proyecto consensuado por criterios generales de movilidad sostenible y por los técnicos del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz del Servicio de Movilidad y Transporte que ordena la circulación a través de una nueva red básica permitiendo liberar gran parte del viario para destinarlo a otros usos que priorizan el paso de peatones y que fueron aprobadas en su día, además de servir como parte del proyecto que se presentó y se ganó de la European Green Capital.
De seguir adelante con la intención de hacer la nueva estación de autobuses en la Plaza de Euskaltzaindia, el lema del proyecto gasteiztarra para la European Green capital, “Verde por fuera, verde por dentro”, habrá que sustituirlo por “Verde por fuera, marrón por dentro”. Verde por la imagen de ciudad ecologista y concienciada que hasta ahora nos hemos ganado y que vendemos con orgullo, y marrón por el aumento de contaminación y ruido que se va a generar en una zona “limpia”, como es Gabriel Celaya, así como por el color que cogerán las fachadas y ventanas con el tiempo por culpa de la polución generada por la gran cantidad de autobuses que por allí circularán.
Una polución que, aunque no se evitara, si se podría minimizar su impacto en las fachadas de los edificios si se hiciese en la ubicación proyectada en Arriaga. Una ubicación que además cumpliría con el proyecto de Intermodalidad proyectada de tener en un mismo lugar todos los medios de transporte público de la ciudad.
El Gobierno Vasco tampoco está de acuerdo con la nueva ubicación y le ha tirado de las orejas a Javier Maroto rechazando el proyecto. Este rechazo viene acompañado además con la noticia de la ocultación, por parte del equipo del alcalde, de dos informes negativos del Gobierno Vasco respeto a la estación de autobuses, los cuales tenían en sus manos desde el pasado día 3 de octubre, y que no han hecho público ni a la ciudadanía, ni a los propios políticos, ni a la mesa de contratación de Ensanche XXI. Tal escándalo ha provocado que la oposición haya pedido la comparecencia del alcalde para pedir explicaciones.
Un alcalde que piensa en ciudad no debe ocultar datos a la hora de proyectar algo, especialmente cuando se trata de cambiar la ubicación de la estación de autobuses que durará décadas.
La pataleta de este cambio solo puede tener una explicación. La legislatura ha comenzado y lo ha hecho tirando por tierra los proyectos emblemáticos que recordarían al anterior alcalde. Y la cuenta atrás para las siguientes elecciones no ha hecho más que empezar y quiere, por si acaso, su juguete emblemático ya.
Como siempre, cualquier proyecto realizado deprisa y corriendo se convierte como el juguete de un niño enfadado, en juguete roto, pero con la consecuencia que los habitantes de Vitoria-Gasteiz padeceremos durante décadas.

Peligro de señales urbanas

<a href=”http://1.bp.blogspot.com/-AV7I2RGvCng/TpgXl5YjlrI/AAAAAAAACUs/ZoswNqcTMe0/s1600/IMG_0878.JPG” onblur=”try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}”><img style=”float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 239px;” src=”http://1.bp.blogspot.com/-AV7I2RGvCng/TpgXl5YjlrI/AAAAAAAACUs/ZoswNqcTMe0/s320/IMG_0878.JPG” border=”0″ alt=”" id=”BLOGGER_PHOTO_ID_5663302471244814002″ /></a><div style=”text-align: justify;”>Las señales de tráfico nos ayudan a mantener un orden a la hora de circular por la calzada. Tienen diferentes formas y colores para facilitarnos su comprensión desde diferentes distancias.</div><div style=”text-align: justify;”>¿Pero qué pasaría si las señales, en vez de indicarnos una norma, nos obstaculizasen la visibilidad y obligasen a invadir un carril con el peligro que ello ataña? </div><div style=”text-align: justify;”>Es lo que me ocurre a diario cuando intento acceder por la calle Gabriel Celaya a la rotonda de la calle Donostia.</div><div style=”text-align: justify;”>Como se puede observar desde la posición del conductor, cuando me quiero incorporar a la rotonda la señal redonda doble me obstaculiza totalmente la visibilidad de los vehículos que circulan por la misma, teniendo que incorporarme muy lentamente al carril de la rotonda para tener visibilidad poniéndome así en peligro.</div><div style=”text-align: justify;”>Situación de peligro que se da en diferentes puntos de la ciudad y que en éste en particular, calles Gabriel Celaya y Donostia que se pueden considerar semiresidenciales, aumentará en el futuro con la construcción de la futura estación de autobuses por el incremento considerable de pasos de autobuses y vehículos particulares.</div>